CAJA TONTA
Ahora que estoy de baja. Ahora que me paso el día delante de la caja tonta. Ahora que le saco más provecho a la TDT. Ahora es cuando estampo el mando a distancia contra la pantalla y grito:

“Cuánto más canales de televisión, más vendedores de fregonas y aparatos inútiles hay”.
[Para más información:]
Directo a Casa
Shopo.Tv
La Tienda en Casa
19 PUNTOS
[Voz de teleserie americana de los años ochenta]
La paciente número 3
Tristeza en compañía
[Sintonía de la teleserie; títulos de crédito]
Por fin llegó el día de la intervención. Tenía ganas de entrar a quirófano (bueno, si se le puede llamar quirófano a aquella habitación con ventanas, radiocassete y camilla central!). Me vestí para la ocasión -camisón, patucos y gorrito verde- y me estiré en la camilla a la espera de “el jefe”. La enfermera cañí que rondaba por allí me sintonizó Radio Tele-Taxi para que me tranquilizara. Madre mía, que espera más larga y nerviosa tuve!
Después de algo más de una hora observando el techo y haciendo oídos sordos (y nunca mejor dicho), llegó el médico erudito especialista que tenía que operarme. “Tranquila, que no será nada”, me dijo mientras palpaba mi pierna. Me pusieron anestesia local, así que me enteré de absolutamente todo lo que acontecía en aquel quirófano.

Y, efectivamente, es tal y como había visto en televisión. El doctor-jefe necesitaba tener música de fondo mientras me operaba. Una situación similar a la de las intervenciones quirúrgicas de Nip/Tuk. Además, el tema de conversación entre ellos era totalmente ajeno a lo que tenían entre manos: vacaciones, familia, el buen tiempo… Qué friki soy, pardiez! Mira que comparar la ficción con la realidad.
Fue una intervención larga, ya que cada vez que cortaban debían analizar el tejido. Finalmente, después de algo más de cuatros horas, dieron por acabada la operación. Cerraron el tema con 19 puntos de sutura y ¡ale!, pa casa.
Hago vida de gato doméstico: de la cama al sofá, del sofá a la mesa, y de la mesa al sofá, del sofá a la cama… Reposo relativo, me dijeron. Ahora sólo falta que me quiten los puntos. Parece ser que me quedará una cicatriz digna de un mordisco de tiburón!
4 comentariosTRISTEZA EN COMPAÑíA
Este post lo redacté días después de conocer el diagnóstico médico. Por pudor, o tal vez por no ser el momento, censuré el escrito y lo guardé en el baul de los recuerdos. Ahora, leo de nuevo mis palabras y ya no me duelen. Es el momento de publicarlo.
Es curioso ver la reacción que tienen tenemos los seres humanos ante el llanto. Cuando me dieron la noticia, acepté sin más. Al día siguiente, después de darle vuletas al asunto y pensar en ello, me derrumbé. Al fin y al cabo, por muy pequeño que fuese, no dejaba de ser ESO.
Como iba diciendo, al día siguiente me deshice en lágrimas. De camino al trabajo, no pude conternerme y expresé exteriormente mi disgusto. Es una sensación extraña: no quieres llorar pero cuanto más lo piensas, más ganas tienes de hacerlo.
El tren, como cada mañana en hora punta, viajaba hasta el techo de gente. Una situación poco íntima para el llanto. Aun así, no pude evitar derrarmar lágrimas de miedo, de temor, de preocupación.
Y vuelve a ser una situación rara: estar rodeada de gente (con codos ajenos en tu cara, espaldas desconocidas contra tu culo) y nadie se percata de tu tristeza. Individuos apáticos, invulnerables, ajenos al sentimiento del prójimo.
Sólo hubo una persona que se fijó en mis ojos llororos. Sólo hubo una persona que hizo el intento de acercarse, pero se detuvo en cuanto le miré a los ojos.
4 comentariosRELAX EN LA BIBLIOTECA
Hace un par de semanas que he empezado las clases. Ya había probado algo similar anteriormente, pero acabé dejándolo debido a mi poca concentración. Y es que el sólo hecho de estar rodeada de viejas maduritas en chandal practicando la cándida libélula posada en el arbusto del acantilado despertaba en mi interior la carcajada más sonora y plácida que se pueda imaginar.
Hace un par de semanas que he empezado Yoga-Pilates. Un curso de relajación, pero también de aprendizaje corporal y espiritual en el que te enseñan a respirar y a posicionarte correctamente. Muy útil para aliviar el acelerado ritmo de vida que llevamos.

El primer día fue algo incómodo pues el curso se lleva a cabo en una de las salas del edificio donde se ubica la biblioteca. Y, efectivamente, las clases se realizan con los compañeros/as de trabajo. Sí, aquellas personas con las que compartes diariamente 8 horas de tu vida; aquellas personas a las que ves diariamente bien vestidos delante del ordenador haciendo ver que trabajan trabajando.
Así pues es curioso verlos, de repente, vestidos con chandal y calcetines tirados por el suelo haciendo posturitas ejercicios de estiramientos y de relajación. Al principio hubo un sentimiento de vergüenza general (”Dios mío, qué nadie me vea con estas pintas!“) pero luego, conforme avanzaba la clase nos olvidamos por completo.
Ahora es más casero, más de estar por casa. No sólo compartimos despachos sinó también colchonetas. Una manera diferente de conocer a los que te rodean habitualmente en el trabajo.
2 comentariosLA PACIENTE NúMERO 3
En un hospital de Barcelona, de cuyo nombre no quiero acordarme, existe un mundo caótico lleno de pasillos y puertas sin señalizar. Entrar al garaje del edificio ya supone un cambio de mentalidad pues los vehículos deben circular por la izquierda, como los ingleses. Una vez consigues aparcar el coche, necesitas un GPS para encontrar la puerta del habitáculo donde se encuentra el ascensor que te llevará a la planta principal del edificio donde, una vez allí, habrán otros ascensores que te subirán a las salas de consultas médicas. En fin, toda una odisea para conseguir ver al médico.
Llegué tarde. No había previsto la superación de una serie de pruebas físicas obstáculos para conseguir entrar en la consulta del doctor y llegué diez minutos tarde. La impuntualidad no importó en absoluto porque, al parecer, el doctor quería conocerme y ver mi pierna en persona.
Me habían vendido la moto de que ese doctor era el mejor en su campo, todo un especialista y estudioso en materia dermatológica. Y así fue. En cuanto vio mi pierna estalló de felicidad al ver que, efectivamente, era la paciente número 3 que sufría ese tipo de dolencia. “Un caso apasionante!” soltó mientras observaba detenidamente mi extremidad.

Me alegro de estar en manos de un médico erudito como éste. Algo así como un Dr. House pero en simpático y amable. Y es que, en cuestión de un par de semanas, me han diagnosticado un diminuto tumor maligno de baja graduación en la pierna. Nada grave, una pequeña intervención y listos!
Tengo el privilegio de ser su tercera paciente; la tercera persona que tiene, casualmente, el tipo de tumor que está estudiando y, para el cual, ha encontrado una curación mejor que la que existía hasta ahora.
9 comentariosPARóN INVOLUNTARIO
Siempre pasa lo mismo. Nunca me pasan cosas interesantes Nunca actualizo el blog y cuando me da por hacerlo, el hosting me cierra el chiringuito. ¡Vaya por Dios!
ANéCDOTA? ha estado cerrado cerca de 15 días como consecuencia del exceso de ancho de banda. En otras palabras, y sin que suene pretencioso, el parón involuntario es debido al gran número de visitantes que entra en este humilde blog.
“Menos lobos, Caperucita!”, murmurarán algunos… He estado pensando y creo que la culpa ha sido la falta de actualización de la sección Discotheque. Algún buscador (pongamos por ejemplo Google) ha indexado la canción que siempre pongo disponible en la barra lateral de la derecha. Así, todo el mundo que buscaba información al respecto, llegaba a este discreto blog y se descargaba el archivo. De ahí que haya superado el ancho de banda contratado.
He aprendido la lección. A partir de ahora, la canción destacada no tendrá enlazado el archivo musical. A partir de ahora, la canción destacada tendrá única y exclusivamente el enlace al videoclip de Youtube.
Ruego disculpen las molestias que este hecho haya podido ocasionar.
Cordialmente,
La dirección
5 comentariosTIRANT LO BLANC
Hoy hace una semana que fui al teatro. Hacía tiempo que no me dejaba caer por las plateas (en sentido figurado, claro) de la gran ciudad debido a los precios astronómicos. Pero esta vez, gracias a unos descuentos que llegaron a mis manos, decidí aprovecharlos. La obra elegida valía la pena!
Tirant lo blanc, todo un clásico. Fue lectura obligatoria en el colegio, así que la leí en su momento. A pesar de no recordar muy bien el desarrollo de la historia, compré las entradas. Al fin y al cabo, con la interpretación de los personajes volvería a coger el hilo argumental…
Calixto Bieito, te suena este nombre? La verdad es que a mi no me sonaba de nada hasta que me dijeron quien dirigía la obra para la cual ya había comprado las entradas. Un tipo moderno y transgresor que hace de las obras de teatro un espectáculo (audio)visual contemporáneo, alternativo y original al que no deja a nadie indiferente.

Y vaya si no deja a nadie indiferente! Nos sentamos en primerísima fila para verlo todo mejor. Debido a la dirección anteriormente nombrada, Tirant lo blanc se convirtió en una obra futurística sólo apta para gafa-pasta-intelectualoides, es decir, gente culta que entiende el arte contemporáneo.
Debo reconocer que el trabajo interpretativo de los actores y actrices además de la puesta en escena de los pasajes más importantes de la obra me dejaron pasmada en mi butaca de primera fila. Pero el argumento en sí, lo perdí (si es que alguna vez llegué a cogerlo).
Así y todo, fue una obra de teatro digna de recordar, sobre todo por los restos del ramo de claveles ensangrentados que me cayó encima con tan mala fortuna de manchar mi camiseta y mi chaqueta.
Es lo que tiene sentarse en primera fila en una obra de teatro contemporáneo de este tipo: que formas parte del espectáculo.
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