blog de una documentalista urbanita y retrorockera
El viernes por la mañana amanecimos con una triste noticia: la muerte de Michael Jackson. A pesar de la decadencia (personal y musical) de los últimos años, se nos va todo un referente de la música pop actual.
La monarquía de la música popular, de la banda sonora del pueblo, se ha mudado. El rey del pop ha dejado vacío su trono terrenal. Ahora sólo quedarán los recuerdos de su historia musical y nuestras batallitas personales relacionadas con el artista.
Sírvase este vídeo como homenaje.
Michael Jackson | Billie Jean
Dicen que Elvis Presley no está muerto. Según el conocido de un amigo del vecino de la hermana del compañero de trabajo del reponedor que trabaja los fines de semana en el super del barrio, Elvis hace su vida en un hotel de la costa catalana junto Marilyn Monroe. Efectivamente, son rumores, pero como dice el refrán: cuando el río suena… agua lleva!
Con esto no quiero confirmar lo que dice el conocido de un amigo del vecino de la hermana del compañero de trabajo del reponedor que trabaja los fines de semana en el super del barrio, no, tan sólo me refiero a la cada vez más escalofriante existencia de dobles y/o parecidos de famosos jardineros (criadores de malvas, se entiende).
A pesar de toparme con cierta persona diariamente durante poco más de un año, jamás me había fijado en su fisonomía. Para mí, aquel señor no era más que el encargado de la limpieza del centro comercial. Un tipo que, subido a su máquina supersónica con doble escobilla y chorro a propulsión, conduce por los pasillos exteriores del centro fregando abrillantando el suelo.
Pero cierta noticia acontecida hace unas semanas me hizo asociar diferentes fisonomías en mi cabeza… Pronto me percaté que aquel tipo que con el que me cruzo cada día en el centro comercial es idéntico, repito, idéntico a David Carradine, el pequeño saltamontes.
Desde entonces ya nada es igual. Ahora, cuando le veo, no puedo evitar acordarme de la “accidentada” muerte del actor. Y si el conductor de la máquina supersónica con doble escobilla y chorro a propulsión, además de parecerse físicamente también se parece en las prácticas (ya me entiendes) …? Aggghhh, mejor no pensarlo. Quita, quita!
Día típicamente sabatino: desayuno en la cafetería del barrio (café con leche y flautín de jamón) y partida hacía el más allá. Hoy el destino ha sido la Abadía de Montserrat, el centro de negocios centro de peregrinación para los cristianos. En un alarde de innovación, he decidido cambiar el coche por el Cremallera, el tren que sube hasta Montserrat.
Una vez arriba, hemos hecho la ruta comercial la ruta espiritual: visita al monasterio, asistencia a un acto sagrado (también conocido como “misa”) y plantada de velas de colores en la iglesia.
Aquello parecía un domingo cualquiera en mitad de las ramblas de Barcelona! Cuanta gente en tan poco espacio, madre de Dios! La gente andaba como loca buscando pongos recuerdos religiosos tales como figuritas de la Moreneta, discos dels escolanets de Montserrat o, WTF, ositos de peluche…
En definitiva, una excursión entretenida que me ha hecho pensar en el negocio que tienen allí montado desde que “unos pastores vieron descender del cielo una fuerte luz acompañada por una hermosa melodía (…) hacia una cueva en la que se hallaba la Santa Imagen” (Fuente: Wikipedia).
Y si me busco un lugar apartado de la ciudad, me invento una historia creíble sobre una aparición mariana y monto un parque temático? La venta de merchandising podría ser un buen negocio, no?
Me ha hecho gracia leer la viñeta de El bueno de Cuttlas de hoy….

Es como la teoría de seis grados de separación: todo el mundo conoce a alguien que a su vez conoce a alguien que a su vez conoce a alguien que a su vez… Algo así como las amistades en Facebook. No es inquietante?
O lo que quiere decir lo mismo: Oh Dios mío! Esas han sido mis palabras al encontrarme con tal pantallazo en el ordenador del trabajo. No, no era el típico pantallazo azul de Windows (de haber sido eso, tal vez hubiese pronunciado palabras mayores!), ha sido algo… peor.
En un espacio diáfano, sin paredes ni biombos, como es la oficina donde pierdo invierto una tercera parte de mi vida diaria, tengo la necesidad de alejarme del mundanal ruido a través de la música. Conecto el reproductor musical, me enchufo los auriculares a toda castaña (sí, lo sé, me quedaré sorda) y voy despachando las tareas de la jornada.
Pero hoy, a media mañana y sin previo aviso, Spotify se ha cerrado de golpe y me ha dejado musicalmente huérfana. Acto seguido, un pantallazo de “Alerta virus” se ha apoderado del escritorio de Windows y me ha bloqueado el reproductor.

Oh Dios mío! -he exclamado con sorpresa- me nos han capado Spotify en el trabajo! Y ahora qué? Quién amenizará la jornada laboral? Quién pondrá la banda sonora a los momentos tensos de trabajo? Cáspita, qué bien acostumbrada estaba…
A rey muerto, rey puesto. He vuelto a iTunes, el reproductor que nunca te abandona (de momento!). Ahora toca saturar el disco duro de archivos mp3 y volver a escuchar la radio online no personalizable.
“Un cínico es el hombre que, cuando huele a flores, se pone a buscar el ataúd.”
H.L. Mencken
Visto en Jordi’s blues
Doy el callo por dinero
Yo trabajo por dinero
nosequé y nosecuánto
pero a mi dadme dinero
Cortesía de El migas
Esta mañana mi madre se levantó con sed de conocimiento. Hace poco llegó a casa un nuevo inquilino (un canario flauta) y mi madre ansiaba leer libros especializados en ornitología doméstica para satisfacer las necesidades del pequeño ruiseñor.
Y yo, como buena hija (y bibliotecaria) que soy, le he aconsejado que se acercara a la biblioteca del barrio para consultar documentos sobre la materia. Como no, las primeras dudas no se han hecho esperar…
¿Es gratis? ¿No me dirán nada al entrar? ¿Y me puedo sentar allí a leerlo cómodamente? ¿Estás segura que no me dirán nada?
[...]
Por la tarde, de regreso a casa, me encuentro a mi madre que volvía entusiasmada de la biblioteca del barrio y me explica las divinidades del lugar:
Qué silencio, qué tranquilidad! La chica me ha enseñado donde están los libros sobre canarios… Anda que no tienen! Me he estado un buen rato allí sentada leyéndolos… Tú no eras socia?

Volvemos juntas a la biblioteca del barrio para sacar en préstamo los libros que previamente había consultado. Me explica en voz alta que, después de ojearlos, los ha devuelto a la estantería. Llegados a este punto, no puedo evitar sacar mi vena bibliotecaria y horrorizarme:
Shhhhhhht! Silencio! Nos están mirando fulminando con la mirada! No! Una vez consultas los libros, déjalos en el carrito: jamás los devuelvas a la estantería, están clasificados con un número y podrías desordenarlos perdiéndolos así para siempre!
Hoy ha sido la primera vez que mi madre ha pisado una biblioteca pública sola (anteriormente había entrado como acompañante para devolver unos CDs). Me parece que le ha complacido la experiencia. Creo que volverá, al menos para devolver los libros prestados!
Ayer vi en directo, por primera vez, Manel. Sensacional. Muy muy recomendable.
A pesar de estar en un lateral con poca visibilidad y rodeada de unos cuantos tocacojones que no paraban de chismorrear, lo disfruté muchísimo. Descubrí al grupo una mañana de camino al trabajo cuando hablaban de ellos en la radio como “grupo revelación del año” y, desde entonces, no puedo dejar de tararearlos. Sólo tienen un disco (de momento!) pero, en mi opinión, apuntan maneras.
Finalizaron el concierto con una versión catalana de la Tortura de Shakira. Im-presionante! Pero como no hay imágenes de tal acontecimiento, te dejo otra versión que hicieron hace poco de una canción de Pulp…
ATENCIóN!
El siguiente texto puede herir sensibilidades. El título ya lo dice: temas escatológicos. Eres libre de seguir leyendo. Luego no me digas que no te he avisado, eh!
Todo el mundo sabe lo frío e impersonal que resulta hacer sus necesidades en un lavabo público. Entre que la puerta no encaja bien, el pestillo está roto, las paredes están personalizadas (la sabiduría popular plasmada en graffities) y la taza llena de gotitas anónimas, ahí no hay ni Dios que se relaje!
Pero una cosa son los servicios públicos de un local o de un centro comercial, y otra muy diferente el cuarto de baño del trabajo. Esos habítaculos claustrofóbicos de metro cuadrado en el que la gente pierde el tiempo se reúne de improvisto para tratar temas de vital importancia (nótese la fina ironía de mis palabras).
Estaba yo esta mañana en faena cuando, de pronto, observo enganchado en la pared a la altura de las rodillas un pequeño regalito humano (un moco, vaya). La primera reacción ha sido hablar sola en el habitáculo de un metro cuadrado exclamar lo asquerosa que es la gente. La segunda reacción ha sido imaginar el por qué aquella persona había hecho tal guarrería.

Y he aquí mi conclusión: a pesar de estar en un váter público (de trabajo, pero público al fin y al cabo), estaba cómoda. Probablemente tenía para rato y, como se sentía como en casa (la puerta encaja, el cerrojo funciona, las paredes están limpias, la taza brilla…), decidió hurgarse la nariz y dejar su rastro allí, a la altura de las rodillas.
Y hasta aquí el tema escatológico. Tú que has llegado hasta el final, a que no era para tanto? Si al fin y al cabo son cosas naturales del ser humano… No hay por qué escandalizarse!